Sabemos de sobra que tanto la actividad física como una alimentación equilibrada, adecuada y completa, son básicas para llevar un estilo de vida saludable. El concepto de salud ha ido cambiando con el tiempo y hoy en día, salud no solamente significa “falta de enfermedad” sino un equilibrio y estado de bienestar bio-psico-social. Generalmente, al hablar de salud, nos concentramos en lo que es físico y más evidente y no solemos estar plenamente conscientes de nuestras emociones y del impacto que tienen sobre nuestros hábitos y nuestro comportamiento. Sin embargo, de alguna manera sabemos que las emociones están vinculadas al comportamiento alimentario y con mucha frecuencia escuchamos o incluso decimos frases como: “yo como mucho por ansiedad” o “cuando estoy deprimido como más”. Pero pareciera que lo decimos como si creyésemos que es algo que no podemos cambiar, que es así y que tenemos que acostumbrarnos a ello. La buena noticia es que si tenemos una actitud proactiva en nuestros procesos de pensar y detectamos aquello que nos hace sentir ansiosos, podemos también tomar el mando de nuestro comportamiento y evitar que las emociones que nos genera nuestra forma de interpretar las situaciones, afecte nuestro estilo de vida alimentario.
Las emociones tienen importantes funciones de adaptación y gracias a ellas hemos evolucionado como especie. Pero además, tienen muchas otras funciones como prepararnos para reaccionar ante circunstancias determinadas, motivarnos a hacer distintas cosas, comunicarnos con las personas que están a nuestro alrededor, determinar nuestro comportamiento, etc. La experiencia emocional puede ser de placer o displacer, puede provocarnos activación o relajación a nivel fisiológico y podemos percibir que tenemos control sobre ella o no.
La teoría tridimensional de las emociones dice que tenemos tres sistemas o formas de responder ante las mismas. Por un lado está el sistema cognitivo (lo que pensamos), por otro lado el sistema fisiológico (lo que sentimos y experimentamos físicamente) y por último el sistema motor (lo que hacemos). Por ejemplo, la ansiedad y el miedo son emociones que tenemos cuando detectamos que hay algún peligro o cuando interpretamos una situación como amenazante. Cuando objetivamente existe un peligro y nuestra seguridad se ve amenazada estas emociones nos permiten responder a través de los 3 sistemas para enfrentarlo. Sin embargo muchas veces sucede que, aunque no exista una amenaza real, nuestra respuesta emocional es excesiva ante una circunstancia determinada provocándonos sensaciones negativas, activación física importante y la sensación de no tener control sobre lo que experimentamos. Esto, puede llevar a algunas personas a responder con comportamientos como fumar, comer o beber en exceso.
Existen distintas técnicas para controlar los sistemas de respuesta que tenemos ante ciertas emociones. Sin embargo, es importante que sepamos que para aprenderlas, necesitamos mantenernos activos y constantes en nuestros procesos emocionales y de pensamiento .
En ocasiones nos sentimos ansiosos y no podemos asociar esa ansiedad a una situación determinada. Es posible que esto se deba a que estamos interpretando, sin darnos cuenta, alguna situación como una amenaza. Frecuentemente pensamos con tal rapidez que no somos concientes de ello y nos resulta difícil identificarlo. Esos pensamientos, que no se ajustan por completo a la realidad nos generan emociones negativas; a estos pensamientos los conocemos como pensamientos irracionales. Existen algunas técnicas cognitivas, mediante las que se trabaja precisamente con la identificación de esos pensamientos (automáticos e irracionales), seguido de un cuestionamiento y/o replanteamiento de los mismos para finalmente generar pensamientos alternativos para interpretar la situación desde otra perspectiva o de manera mas ajustada.
Por otro lado, existen muchas técnicas de relajación que nos ayudan a disminuir los síntomas fisiológicos de nuestras emociones. La respiración completa, por simple que parezca, es una técnica de relajación muy efectiva. Es el tipo de respiración que se utiliza en el yoga y tiene efectos muy positivos sobre la activación fisiológica. Además, lograr reducir la activación física, tiene también un importante efecto en nuestros pensamientos y en nuestra conducta. Aunque parezca irónico, la activación fisiológica producida por emociones, puede hacer que aumente la negatividad y/o la intensidad emocional. Por ejemplo, ante una situación como la de hablar en público, muchos de nosotros reaccionamos con síntomas típicos de ansiedad tales como sudoración, aumento de la frecuencia cardiaca, rubor, etc. El percibir que no tenemos control sobre esos síntomas, o que no son normales, hace que nuestra ansiedad aumente y nuestros síntomas también, pero si a través de alguna técnica de relajación aminoráramos esas sensaciones, podríamos enfrentarnos a la situación de una mejor manera.
Además de la respiración , existen muchas otras técnicas de relajación como la relajación muscular progresiva en la que a través de la tensión-distensión de los músculos se obtienen sensaciones de profunda relajación. Hay que buscar la técnica que vaya mejor con nosotros y practicarla para poder llevarla a cabo en los momentos en los que nos hace falta.
Cuando logramos cambios en nuestra respuesta cognitiva y fisiológica, la respuesta motora se modifica ya que nuestra interpretación de las cosas es , muy probablemente, mas ajustada y adaptativa, sin embargo también existen técnicas para controlar nuestra respuesta conductual. Una muy sencilla es el control de estímulos externos. En el caso de comer por ansiedad, por ejemplo, si voy al supermercado antes de haber comido, muy probablemente “coma con los ojos” y meta al carrito de la compra lo que más me apetezca en un momento con hambre (seguramente productos con alto contenido de grasa y energía). En cambio, si planifico las comidas de la semana y compro siguiendo una lista, evito tener en casa alimentos que suelo comer en los momentos de ansiedad.
En conclusión, es muy importante que sepamos que nosotros podemos tener el control de nuestro comportamiento y de nuestra forma de interpretar las cosas que nos pasan, pero para esto, debemos de ser concientes que los cambios en nuestros hábitos de vida y de pensamiento requieren de trabajo. Muchos medios e información que recibimos nos dan el mensaje de obtener resultados sin mucho esfuerzo. La realidad, es que modificar nuestro comportamiento y mantenerlo es un trabajo que nunca termina. Aunque parezca difícil, si aprendemos a identificar y controlar nuestras emociones, probablemente nos demos cuenta de que comernos una bolsa de galletas o un bollo como respuesta a una emoción, no nos acerca a ninguna solución .



